A Cristo por María

 

 

 

San Isidro Labrador, cuyo nombre de nacimiento fue Isidro de Merlo y Quintana, nació en 1082 en el seno de una familia humilde del Madrid musulmán que en su vida protagonizó muchas anécdotas.

 

sidro, que llevaba en herencia la religión cristiana, se puso a trabajar con 10 años de labrador para una finca y posteriormente se casó con Santa María de la Cabeza, dos hechos que marcaron su vida y obra para siempre. De hecho, a él se le atribuye el milagro de los astados que araban solos. Esto, según indican las creencias cristianas, fue comprobado por el dueño de la finca en la que trabajaba Isidro.

El labrador llegaba siempre tarde a su puesto de trabajo porque tenía la costumbre rezar antes de empezar su jornada laboral. Así, se ganó la fama de holgazán entre sus compañeros y llamó la atención del patrón, que un día, al acudir a comprobar que Isidro no estaba a la hora a la que se le esperaba, encontró a los bueyes arando solos mientras él se encontraba rezando en el templo, algo que posteriormente se consideró entre los cristianos como un milagro.

 

Otro de los milagros que se le atribuyen al patrón de los labradores es 'La olla de San Isidro' y está relacionado con su mujer, Santa María de la Cabeza. La tradición cristiana cuenta que San Isidro cada año organizaba una comida a la que invitaba a los más pobres de la ciudad y que en una ocasión el número de asistentes superó las expectativas de Isidro y su mujer. Ante dicho imprevisto María alertó a su marido de que, pasado un rato, ya no quedaba comida, por lo que no podían alimentar a todos los que la necesitaban. Isidro insistió en que entregase a un hombre lo que quedaba en la olla, y María, sabiendo que ya se había agotado acudió a la olla a mirar si quedaba algo. Entonces, según dictan las creencias, encontró la olla a rebosar de comida, algo que la llevó a pensar que lo había sucedido era un milagro y que su marido era un santo.

 

500 milagros entre ellos, devolver la vida

 

Además, a Isidro se le reconocen otros casi 500 milagros, entre los que están elevar las aguas de un pozo, mantener su cadáver incorrupto hasta años después de fallecer e incluso sanar a los enfermos y el de devolver a la vida a María de Vargas, hija de su patrón, Iván de Vargas. En este, según la congregación de San Isidro, se le atribuye a Isidro una gesta similar a la que Jesús llevó a cabo con su amigo Lázaro.

Los hechos que recuerda la iglesia sucedieron así: Isidro recibió la llamada de Iván de Vargas advirtiéndole de que su hija acababa de fallecer. El labrador acudió al lugar en el que se encontraba la muchacha e indicó a los padres que no estaba muerta, sino dormida. Entonces se puso a orar junto a la cama y ante el asombro de los presentes, María volvió ala vida y entabló una conversación con Isidro.