• Novena de Navidad

    Todos los años al llegar el tiempo de preparación para la Navidad,

    comenzamos a elaborar los diversos adornos navideños, entre ellos nuestro

    pesebre.

    El pesebre, que algunos llaman nacimiento o belén, fue ideado por el

    Seráfico San Francisco de Asís, quien, en la Navidad de 1233, tres años

    antes de su muerte, hizo una representación en vivo del nacimiento del Hijo de Dios, para celebrar

    con una solemnidad única y extraordinaria ese hecho, habiendo obtenido previamente la oportuna

    licencia del Sumo Pontífice, para evitar que su proyecto fracasara condenado como novedad. Lejos

    de eso, pronto se extendió por toda la cristiandad, popularizándose con las figuritas de los más

    diversos materiales que todos conocemos, habiendo llegado hasta nosotros a través de España,

    para convertirse en una de las tradiciones más propias de nuestras tierras, esencial para el disfrute

    pleno de la Navidad,

    La propuesta de esta novena navideña es armar el nacimiento durante los nueve días antes de

    Navidad, meditando así cada una de las figuras principales que aparecen en él y preparando

    nuestro corazón al nacimiento del Niño Jesús, quien una vez más nos invita a hacernos hermanos

    en su amor.

    La estructura que se presenta es muy sencilla, y así, en familia o en el barrio o en la capilla,

    cualquiera puede organizar esta novena. Para ello, antes de comenzar la novena es necesario

    tener preparado el lugar, así como la escenografía básica (cueva, montañas, valles, ríos…) si es

    ese el estilo de pesebre que se montará.

    La novena se desarrollará todos los días de acuerdo con el siguiente esquema básico

    1. Saludo inicial.

    2. Oración para todos los días.

    3. Presentación del personaje del día.

    4. Lectura Bíblica.

    5. Meditación.

    6. Oración final y colocación de la figura en el pesebre.

    7. Despedida.

    Oración para todos los días

    Aquí estamos, Señor, reunidos en torno a ti,

    no deseamos nada más sino encontrarte en nuestras vidas;

    así como te reconocieron Ana y Simeón

    queremos reconocerte en el niño que nace en Belén.

    Prepara tú nuestros corazones

    para que recibamos con alegría y compromiso

    el Reino de Dios que se hace presente entre nosotros,

    proclamando con todos los ángeles y a través de nuestra vida

    “Gloria a Dios en el Cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”.

    No cierres tus oídos a nuestra oración

    para que meditando el misterio de la encarnación,

    sigamos más de cerca, con Espíritu de hijos,

    al crucificado que ha resucitado.

    Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

  • Primer día, 16 de diciembre: La Virgen María

     

    1. Saludo inicial:

    Se saluda a los presentes con estas u otras palabras similares:

    Hoy estamos aquí para prepararnos juntos al nacimiento del Señor. Queremos orar con Él, escuchar su

    Palabra y meditarla; dejar que sea Él quien nos transforme así como lo ha hecho con todos los que le

    escuchan. Así que dispongámonos a participar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

     

    2. Oración para todos los días

     

    3. Presentación del personaje del día:

    Hoy vamos a meditar la figura de María. Ella fue la primera en recibir la noticia del nacimiento del Salvador;

    fue la primera en acoger la palabra en su corazón e interrumpir sus planes por aceptar a Jesús. Escuchemos

    hoy cómo ella recibió el Verbo de Dios.

     

    4. Lectura Bíblica: Lc 1, 26-38

     

    5. Meditación:

    En esta lectura se nos presenta a María como aquella que está a la escucha de la palabra, es interpelada por

    ella y recibe la misión de ser la madre de Dios. Ella, sin embargo, presenta sus dudas al ángel y recibe la

    prueba de la maternidad de Isabel que demuestra que para Dios nada es imposible. ¿Medito yo diariamente la

    palabra de Dios? ¿Voy descubriendo la voluntad de Dios para mi vida? ¿Cuáles son las preguntas que me

    surgen de la escucha de su voluntad? ¿Es mi respuesta un sí abierto a recibir a Jesús en mi vida?

     

    6. Oración final y colocación de la figura de la Virgen María en el pesebre:

    Te damos gracias, Padre, porque en María nos has mostrado la grandeza de tu amor.

    Te pedimos que germine en nosotros la pureza de corazón,

    y así seamos libres para hacer tu voluntad.

    Abre nuestros oídos para que escuchemos tu Palabra,

    y que en nuestros labios esté siempre el sí a punto.

    Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

    (Mientras se coloca la figura en el pesebre se puede cantar).

     

    7. Despedida.

    El Dios de la Vida, que hizo fecunda la virginidad de María, nos bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del

    Espíritu Santo. Amén

  • Segundo día, 17 de diciembre: San José

     

    1. Saludo inicial:

    Se saluda a los presentes con estas u otras palabras similares:

    Queremos escuchar hoy lo que el Señor nos quiere decir. Por eso estamos alegres, Dios se acerca a cada

    uno de nosotros y nos habla al oído. Preparemos nuestros corazones para que sea su voz la que

    escuchemos, descubriendo su voluntad para nosotros. Comencemos esta celebración en el nombre del

    Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

     

    2. Oración para todos los días

     

    3. Presentación del personaje del día:

    Nos acercaremos en este momento a la figura de José. Seguramente un joven entre unos veinte y veinticinco

    años, con las ilusiones de casarse con María. Ellos ya estaban comprometidos, así que solamente faltaba

    esperar un tiempo y llevar adelante los planes como cualquier pareja de su época. Pero las dudas invaden el

    corazón de José, quien pone sus preocupaciones en las manos del Señor. Dios no se hace esperar, y acude a

    José; la necesidad es mutua: José desea respuestas sobre lo sucedido y Dios necesita la respuesta de José

    para poner al Hijo bajo sus cuidados. Escuchemos con mucha atención la siguiente lectura del Evangelio.

     

    4. Lectura Bíblica: Mt 1, 18-25

     

    5. Meditación:

    Hemos escuchado que José era un hombre prudente y justo, por lo que no actuó según su primer impulso

    sino que prefirió meditar y despedir a María de una manera discreta. Él no desespera y Dios se le manifiesta

    encargándole cuidar de su hijo. José no tarda en hacer la voluntad del Señor y al despertarse hace cuanto le

    ha sido ordenado.

    En cuanto a mi vida: ¿Actúo con prudencia o me dejo llevar por mi primer impulso, sin pensar y cometiendo

    actos que en la reflexión posterior me doy cuenta de que fueron injustos? ¿Medito los acontecimientos de mi

    vida en oración o es una cosa separada de la otra? ¿Cuando descubro lo que debo hacer, me pongo manos a

    la obra o espero largamente hasta que no tengo más remedio?

     

    6. Oración final y colocación de la figura de San José en el pesebre:

    Tu amor, Padre, ha sido conocido por San José,

    hombre justo y padre fiel;

    él ha sido de quien Tú quisiste que Jesús aprendiera el amor paterno,

    experiencia que luego relacionó contigo hasta decirte ¡Abba! (¡Papá!).

    Ayúdanos a ser comprensivos con los demás,

    buscando en nuestras relaciones siempre tu justicia,

    y danos la capacidad de responderte diligentemente,

    así como José lo ha hecho.

    Que en el rostro de los niños sin padre

    encontremos tu rostro

    y asumamos esa tarea de ser padres en el Espíritu Santo.

    Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

     

    7. Despedida:

    El Dios que nos salva continuamente, quien ha bendecido a José con Jesucristo, nos bendiga en el nombre

    del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

     

  • Tercer día, 18 de diciembre: el burrito y el buey

     

    1. Saludo inicial:

    Se saluda a los presentes con estas u otras palabras similares:

    La creación ha sido hecha en Cristo, y por eso es importante que la recordemos en esta novena. Sobre todo,

    cuando en estos tiempos se hace tan importante reflexionar sobre la ecología. Antes de comenzar, hagamos

    un pequeño momento de silencio y escuchemos los ruidos que la naturaleza nos brinda.

    En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

     

    2. Oración para todos los días

     

    3. Presentación del personaje del día:

    San Francisco, creador del pesebre, introduce dos nuevos elementos en la representación del nacimiento del

    niño Dios. Son el burrito y el buey. El buey, animal fuerte y fiel, seguramente lo ha deducido puesto que las

    narraciones bíblicas nos hablan de un establo; el burrito recuerda aquel animal en el cual se trasladó María

    desde Nazaret hasta Belén.

    En estos dos animales, se representa toda la armonía de la naturaleza que llega a su plenitud en Jesucristo.

    También se nos recuerda que a aquél a quien nadie quiso recibir en su casa, fue calentado y acogido por

    estos animales. Escuchemos lo que nos dice el profeta.

     

    4. Lectura Bíblica: Is 11,1-9

     

    5. Meditación:

    Recibir a Jesucristo en la propia vida implica luchar activamente por la paz. El burrito y el buey son expresión

    de la pobreza en la cual nace Jesús: ¡El Salvador ha elegido nacer en medio de los más pobres, y en

    condiciones inhumanas!

    El nacimiento de este Rey de la gloria, es una denuncia a todos los atropellos que se cometen a los

    hermanos. La naturaleza no podrá encontrarse en paz mientras los hombres y mujeres no aprendamos a vivir

    en armonía tanto entre nosotros como con el resto de la creación. Y para poder ser solidarios debemos

    comenzar por hacernos pobres, tanto que seamos libres para proclamar con nuestras vidas que el lobo habita

    con el cordero.

    ¿Doy cabida en mi corazón a Jesús o le expulso de él con excusas? ¿Soy solidario con mis hermanos más

    necesitados? ¿Cómo lo demuestro? ¿Valoro la naturaleza y la respeto como parte de la creación?

     

    6. Oración final y colocación de las figuras del burrito y el buey en el pesebre:

    Al ver al biurrito y el buey, Señor,

    vemos el regalo que nos has hecho en la creación.

    Te pedimos perdón por aquellos que con intereses mezquinos

    cada día acaban con parte de la naturaleza.

    También te pedimos perdón por nosotros,

    porque muchas veces no sabemos ser solidarios con quien nos necesita.

    Danos un corazón de carne, para que sepamos ser misericordiosos

    y dar nuestro calor humano a los demás.

    Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

     

    7. Despedida:

    El Dios creador, que nos recuerda su amor en cada huella de Él que encontramos en la naturaleza, nos

    bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

  • Cuarto día, 19 de diciembre: La estrella de Belén

     

    1. Saludo inicial:

    Se saluda a los presentes con estas u otras palabras similares:

    En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

     

    2. Oración para todos los días

     

    3. Presentación del personaje del día:

    Estar atentos a los signos de los tiempos, es vivir en una relación profunda con Dios, nuestros hermanos y el

    cosmos. Hoy meditaremos sobre la lectura de estos signos en nuestras vidas, recordándolos como aquella

    gran estrella que anunció el nacimiento del Mesías. La estrella de Belén no es cualquier estrella en el cielo, es

    el signo que guía hasta encontrar al Salvador que ha nacido, pero solamente pueden darse cuenta de ello los

    que miran el mundo con ojos que buscan al verdadero Dios. De esta manera, hay muchos detalles en

    nuestras vidas que nos pueden indicar a este mismo Salvador. No hace falta que sea una estrella de Belén,

    pero sí que tengamos los ojos y el corazón bien abiertos para que podamos descubrir aquello que nos guía a

    Jesús.

     

    4. Lectura Bíblica: Ap 22,12-17

     

    5. Meditación:

    Jesús es la luz, es la estrella radiante de la mañana, es quien nos enseña el rostro del Padre. Su presencia

    ilumina toda nuestra vida y nos guía a que encontremos el sentido del amor en plenitud; nos convierte en

    signos radiantes de su alegría para que los demás nos vean como esas estrellas que guían hasta Él. Este es

    el don gratuito de su amor: su presencia resucitado en el hoy de la historia.

    ¿Verdaderamente siento a Jesús como la luz de mi vida? ¿Busco ídolos en el cosmos o busco las huellas de

    la presencia del Señor que me lleven hasta a Él? ¿Soy estrella radiante para los demás o mi vida es opaca,

    triste, sin reflejar a Jesús?

     

    6. Oración final y colocación de la estrella de Belén en el pesebre:

    Te damos gracias, Señor, porque nos sigues amando,

    y nos muestras a través de la creación

    el camino que nos lleva a amarte.

    Tu Hijo es la estrella radiante de nuestras vidas,

    y así, toda la creación se llena de júbilo;

    el día al día le pasa el mensaje,

    la noche a la noche se lo susurra:

    ¡El Salvador ha nacido! ¡Nuestro Rey ha llegado!

    Por eso, la alegría se hace presente en la historia,

    y el pecado es vencido por tu Amor.

    Infunde, Padre, ese espíritu de Amor

    en cada uno de nosotros

    para que seamos colaboradores de la

    historia de salvación que nos revelas a cada instante.

    Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

     

    7. Despedida:

    Que la alegría de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo nos acompañe siempre y la llevemos a los demás. Amén

  • Sexto día, 21 de diciembre: Los pastores y las ovejas

     

    1. Saludo inicial:

    Se saluda a los presentes con estas u otras palabras similares:

    El día de hoy queremos unirnos a todos los hombres y mujeres que tienen un corazón sencillo, porque ellos

    son capaces de descubrir en medio de sus vidas las manifestaciones de Dios. Jesús lo ha afirmado al decir:

    “Bienaventurados los puros de corazón porque ellos verán a Dios”. En un momento de silencio busquemos a

    Dios que se hace presente en medio de nosotros, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

     

    2. Oración para todos los días

     

    3. Presentación del personaje del día;

    Los pastores representan a los pobres del pueblo de Israel, a aquellos que tenían su corazón puesto en el

    Señor y que vivían desde las necesidades de cada día que Dios es quien salva. El rey David había sido un

    pastor, y Yahvé le llamó para ser rey de Israel; los pastores del tiempo de Jesús son los primeros llamados a

    descubrir al Rey de la Gloria. Este paralelo indica cómo el Reino de Dios se manifiesta en primer lugar y se

    construye desde los humildes. Escuchemos el relato del evangelio y pensemos si nos identificamos con estos

    pastores.

     

    4. Lectura Bíblica: Lc 2,15-20

     

    5. Meditación:

    El pobre cree y actúa según su fe, puesto que para él la esperanza está en el Señor. Muchas veces nos

    llenamos de tantas cosas que dejamos de ser pobres y comenzamos a ser ricos en ideas, cosas, poderes…

    El pobre no da muchas vueltas y se pone rápidamente en camino, a ver según lo que le ha dicho el ángel, y

    no se queda con su fe, sino que la comparte con los demás.

    Hay dos partes importantes de nuestra fe: oír y ver. Necesitamos escuchar el evangelio, creerlo y luego ir

    corriendo a ver, a vivirlo, a tener la experiencia de abandonarnos en los brazos del Padre. Así, tendremos

    razones para alabar y glorificar a Dios, de lo contrario, nuestras alabanzas serán vacías, sin una base de la

    propia vida.

    ¿Creo con un corazón pobre o estoy lleno de tantas cosas que no me permiten creer en la buena noticia de

    Jesucristo? ¿Vivo realmente mi fe o está divorciada mi vida de la fe? ¿Mi alabanza a Dios surge de la propia

    experiencia de la salvación? ¿Me dejo cuestionar mi forma de vivir la fe o estoy aferrado a una fe rígida,

    dejando pasar de largo al Señor de la Vida?

     

    6. Oración final y colocación de las figuras de los pastores y las ovejas en el pesebre:

    En los más pobres de tu pueblo, Señor,

    tú manifiestas la grandeza de tu amor.

    Danos un corazón pobre y humilde,

    como el de los pastores a quienes tus ángeles

    anunciaron el nacimiento de tu Hijo;

    para que te podamos reconocer en los más

    necesitados de nuestra historia,

    y, atendiendo su clamor, imitemos tu amor.

    Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

     

    7. Despedida:

    El Dios que enaltece a los humildes, nos bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

  • Quinto día: 20 de diciembre: Los ángeles

     

    1. Saludo inicial:

    Se saluda a los presentes con estas u otras palabras similares:

    En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

     

    2. Oración para todos los días

    3. Presentación del personaje del día:

    En la actualidad mucha gente habla de los ángeles, pero los presenta como seres mágicos, celestiales, que

    son capaces por ellos mismos de dar el bien o el mal. La visión cristiana es diferente. Los ángeles aparecen

    en la Biblia como aquellos seres que llevan una buena noticia de Dios a los demás, comprometen a los

    destinatarios del mensaje y les van protegiendo de los peligros que les amenazan. Así, los ángeles aparecen

    ante los pastores y les anuncian a los más pobres el nacimiento de Jesús. Escuchemos el relato.

    4. Lectura Bíblica: Lc 2,8-14

     

    5. Meditación:

    En el lenguaje cotidiano, cuando a alguien se le compara con un ángel es porque ha hecho el bien a otro, y

    refleja en su vida el amor de Dios. Los ángeles van a anunciar a los más pobres la buena noticia del

    nacimiento de Jesús; son portadores de alegría y le muestran el camino a los demás para encontrar esta

    alegría. El coro celestial invita a glorificar a Dios con la paz, y esta no es una invitación particular para unos

    pocos, sino a todos los hombres porque el Señor les ama.

    ¿Soy portador de buenas noticias para los demás? ¿Creo y celebro verdaderamente la buena noticia del

    nacimiento de Jesús? ¿Soy constructor de la paz que glorifica al Señor?

     

    6. Oración final y colocación de la figura del ángel en el pesebre.

    Tú has enviado, Señor, tu ángel para que camine delante de nosotros,

    protegiendo nuestros pasos y guiándonos hacia tus caminos;

    te sirves de ellos para anunciarnos buenas noticias.

    Enséñanos a ser buena noticia para los demás,

    a hacer el bien sin ninguna restricción,

    así construiremos la paz con nuestros hermanos

    y haremos realidad el Reino de Dios entre nosotros.

    Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

     

    7. Despedida:

    Dios que nos envía a anunciar su redención a todos nuestros hermanos y hermanas, nos bendiga en el

    nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

  • Séptimo día, 22 de diciembre: Las mujeres y los niños

     

    1. Saludo inicial:

    Se saluda a los presentes con estas u otras palabras similares:

    Ya se acerca la fiesta del nacimiento del Niño Dios, y cuando es el cumpleaños de alguien, usualmente le

    llevamos un regalo. Preparemos ese regalo que somos nosotros mismos en el nombre del Padre, del Hijo y

    del Espíritu Santo. Amén.

     

    2. Oración para todos los días

     

    3. Presentación del personaje del día:

    En un pesebre siempre hay, junto con los pastores, mujeres y niños que corren hacia el lugar donde ha nacido

    el Mesías. Y es que la vida de Jesús fue un constante reivindicar de la situación femenina e infantil en la

    sociedad judía: para ellos, las mujeres y los niños eran menospreciados y no se les tomaba en cuenta. Jesús,

    por su parte, asumía la salvación de toda la humanidad y por ello se acercaba sin temor a niños y mujeres. De

    hecho, el encargo más importante, anunciar la resurrección, fue dado a las mujeres.

    Meditemos sobre las relaciones que tenemos con mujeres y niños, a la luz de este Evangelio.

     

    4. Lectura Bíblica (Lc 1,39-56):

     

    5. Meditación.

    Una mujer embarazada y su hijo en el vientre han reconocido la maternidad divina de María. La sensibilidad

    femenina ha sido capaz de descubrir aquello que estaba oculto. Y María reconoce la acción del Señor en la

    vida de los que son socialmente marginados con el canto del Magníficat. La servicialidad, la humildad, la

    sencillez, la apertura a la vida, el fiarse de la mano de Dios… todas estas son cualidades que se encuentran

    presentes en el corazón de la madre. Y si queremos ser verdadera imagen de Dios, debemos procurar tener

    un espíritu de niños, libre de prejuicios y dispuesto para amar.

    ¿Me relaciono con las mujeres, niños y hombres desde el machismo propio de mi cultura, o trato de expresar

    otro tipo de relaciones? ¿Soy capaz de reconocer las cualidades femeninas de aquellas que me rodean?

    ¿Encuentro en los niños esa imagen de Jesús niño?

     

    6. Oración final y colocación de las figuras de las mujeres y los niños en el pesebre.

    Señor, Dios de nuestras vidas,

    te damos gracias porque has sido para nosotros Padre y Madre,

    cuidándonos a cada instante,

    llenándonos de dones para vaciarnos, como las madres, en los demás.

    Danos un espíritu libre, sencillo y disponible a amar,

    a quien sea y dónde sea,

    para que, como niños pequeños,

    nos dejemos conducir por ti

    y así hagamos realidad la fraternidad

    a la cual nos invitas.

    Por Jesucristo nuestro Señor.

     

    7. Despedida:

    Dios que es fuente de verdadera humanidad, nos bendiga en el nombre del Padre, del

    Hijo y del Espíritu Santo. Amén

  • Octavo día, 23 de diciembre: Los Reyes Magos en camino

     

    1. Saludo inicial:

    Se saluda a los presentes con estas u otras palabras similares:

    Ya se va acercando la fiesta de la Navidad, y cada día que se acerca, pensamos en los regalos

    que vamos a dar a nuestros familiares y amigos. Tomémonos este ratico para recibir el regalo que

    Dios nos quiere dar, que es su Palabra, y démosle también un pequeño presente, nuestra

    adoración. Hagámoslo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

     

    2. Oración para todos los días

     

    3. Presentación del personaje del día:

    La tradición cristiana nos ha pintado a los tres reyes magos como aquellos hombres sabios que

    siguen los signos de los tiempos, una estrella brillante en el cielo, y así encuentran a Jesús en el

    pesebre. Simbolizan estos reyes paganos que la salvación de Jesús ha llegado para todo el

    mundo, judíos y no judíos. Melchor, Gaspar y Baltazar le dan como presente al niño aquello que

    era considerado muy valioso para ellos: oro, incienso y mirra. Escuchemos qué nos dice el relato

    bíblico sobre estos tres hombres.

     

    4. Lectura Bíblica: Mt 2,1-12

     

    5. Meditación:

    Los Magos van en primer lugar a donde los poderosos de Israel, pensando que el niño Jesús había

    nacido allí, ¿de qué otra forma podía ser si estaban buscando al rey del universo? Pero Dios nos

    sorprende al elegir otro lugar para dejarse encontrar: Belén de Judá, un pequeño pueblo que era

    despreciado por todos menos por el profeta. En nuestras vidas, buscamos el poder de Dios en

    grandes manifestaciones, pero no nos damos cuenta de que Él actúa por medio de los pequeños.

    Los Magos se pusieron en camino y del palacio llegaron a una casa pobre; allí encontraron a María

    con el niño.

    ¿Dónde estás buscando la presencia de Dios en esta Navidad? ¿Te has puesto en camino, como

    los magos, o sigues instalado en el palacio de la comodidad, de la separación del otro…? ¿Por

    medio de qué signos de la actualidad te está invitando Jesucristo a seguirle?

     

    6. Oración final y colocación de las figuras de los Reyes en camino en el pesebre:

    Ven Espíritu de Dios a mi corazón,

    no veas el sucio que pueda haber en él

    y ayúdame a limpiarlo;

    dame ojos nuevos para poder reconocer tu presencia

    allí, donde nadie piensa que puedas estar;

    dame pies nuevos para salir de mi palacio

    y caminar, como los Magos, hasta tu pequeña casa de Belén.

    Te doy gracias, porque cada día haces nueva mi existencia,

    y así me haces testigo de tu amor con los hombres.

    Que mi oro, mi incienso y mi mirra,

    sean mi corazón, mi misericordia y mi acción.

    Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

     

    7. Despedida:

    El Señor que nos pone en camino hacia su encuentro, nos bendiga en el nombre del Padre, del

    Hijo y del Espíritu Santo. Amén

  • Noveno día, 24 de diciembre: El Niño Jesús

     

    1. Saludo inicial:

    Se saluda a los presentes con estas u otras palabras similares:

    Esta noche es nochebuena y mañana es Navidad. Hoy se reúnen las familias para cenar juntos y

    abrir los regalos. También es tradición colocar juntos el Niño Jesús en el Pesebre, llenando de

    contenido esta fiesta. Tomemos unos minutos y reflexionemos el sentido del acontecimiento que

    estamos celebrando en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

    Se canta Cantemos, cantemos.

     

    2. Oración para todos los días

     

    3. Presentación del personaje del día:

    Jesucristo es la verdadera razón de esta fiesta. La Navidad es el nacimiento de Jesús, y decir que

    Dios se ha hecho hombre, es afirmar que no es un Dios lejano sino que ha querido asumir todos

    “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres” de todos los tiempos,

    “sobre todo de los pobres y de cuantos sufren”.

    Escuchemos la narración del nacimiento de Jesús según el Evangelio de San Lucas.

     

    4. Lectura Bíblica: Lc 2,1-7

     

    5. Meditación:

    Ante el misterio de la encarnación del Hijo de Dios, no se puede hacer más que callar y dejar que

    hable en nuestro corazón. Por ello, guardemos unos minutos de silencio y contemplemos al niño

    que hemos encontrado envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

     

    6. Oración final y colocación de la figura del Niño Jesús en el pesebre:

    Querido Niño Jesús,

    así comenzábamos nuestras cartas a ti cuando éramos pequeños,

    hoy queremos decírtelo porque hemos encontrado

    la grandeza de tu amor por nosotros.

    En nuestro caminar, nos hemos apartado de ti,

    pero hoy queremos descubrirte de nuevo,

    recibirte y seguirte por donde nos lleves,

    porque reconocemos que tú eres el Señor del universo,

    el Rey de la Gloria por siempre. Amén.

     

    7. Despedida:

    El Dios de la Vida, que nos ha regalado al niño Jesús para nuestra redención, nos bendiga en el

    nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.